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Francisco Collazos, jefe del Área de Salud Mental de la Fundació Hospitalàries Barcelona

Depresión: "La tristeza es una emoción normal ante situaciones difíciles de la vida"

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que al menos 280 millones de personas en el mundo padecen de depresión, un 18 % más que hace una década.

En la Fundación Hospitalarias, hemos hablado con anterioridad sobre qué es la depresión y consejos para prevenirla. Hoy, por el Día Mundial de la Lucha contra la Depresión, queremos ir más allá y ofrecer claves que ayuden a comprender mejor la presencia de esta enfermedad en nuestra sociedad actual.

Para ello, hablamos con Francisco Collazos, jefe del Área de Salud Mental de la Fundació Hospitalàries Barcelona.

  1. Para empezar, díganos en palabras sencillas, ¿cómo se siente una persona cuando tiene depresión?

Lo más habitual es que una persona con depresión se sienta triste casi todo el tiempo, o note que lo que antes le hacía disfrutar, ahora ha dejado de hacerlo. Además, puede perder el apetito, dormir mal, notarse espeso, con pérdidas de memoria, dificultad para concentrarse o irritabilidad. No es raro que también presente cansancio, debilidad o molestias físicas. En los casos más graves, la pérdida de ilusión y la dificultad para seguir viviendo de esa manera, le puede llevar a pensar en la muerte como un final a su sufrimiento. 

  1. ¿Cree que la percepción de la depresión ha cambiado en los últimos años? ¿Se habla más? ¿Se ha banalizado?

 Yo creo que sí, que en los últimos años se ha hecho más habitual hablar, en general, de la salud mental y, en concreto, del impacto que la forma de vivir puede tener en nuestro bienestar emocional y en nuestro estado de ánimo. Poco a poco se va reduciendo el estigma y los prejuicios que siempre ha habido hacia los trastornos mentales, aunque sigue habiendo “trastornos y trastornos”: no es lo mismo reconocer que visitas a un psiquiatra y tomas medicación, o que haces una psicoterapia, porque tienes niveles de ansiedad muy altos, o porque te han dicho que tienes depresión; a decir que te han diagnosticado un trastorno psicótico o bipolar. 

En este sentido, reconocer que sufrimos depresión se ha popularizado hasta el extremo en que, efectivamente, en algunos casos se banaliza. No es lo mismo estar triste (“sentirse puntualmente deprimido”) que padecer un trastorno depresivo mayor. Digamos que la tristeza es una emoción “normal” ante situaciones difíciles de la vida que pueden ser absolutamente naturales (la pérdida de un ser querido, una desilusión, una mala noticia…) y que, en la gran mayoría de las veces, no va a requerir la intervención de profesionales. Psiquiatrizar o psicologizar en exceso es un error: conviene que no perdamos de vista que la vida se acompaña de momentos que pondrán a prueba nuestra capacidad para gestionar emociones. Solo cuando esas emociones, como la tristeza en el caso de la depresión, afecte de forma significativa a nuestra funcionalidad, deberíamos buscar ayuda profesional. 

  1. ¿Existe una diferencia intergeneracional entre cómo viven la depresión las personas jóvenes y cómo lo hacen las personas mayores? 

Podemos decir que las características nucleares de los cuadros depresivos son casi siempre parecidas: la tristeza, la falta de ilusión, la pérdida de energía o las ideas de desesperanza suelen estar presentes independientemente de la edad de quien lo padece. Ahora bien, la forma de tolerar esos síntomas, como todo lo que nos pone a prueba en la vida, dependerá de la personalidad de cada individuo y, aunque a priori podríamos pensar que la personalidad de los adolescentes y adultos jóvenes les hace más vulnerables por la inevitable inexperiencia que tienen ante la vida, esto no siempre es así. 

La madurez emocional, la capacidad para aceptar “las cosas como son”, no es algo que vaya indisolublemente unido a la edad de la persona. Lo que sí estamos viendo es que los más jóvenes están más influenciados por lo que se comunica en las redes sociales, siendo estas con frecuencia una fuente de ansiedad que repercute en su estado de ánimo. 

El incremento de gestos autolíticos en la población adolescente que se está apreciando en los últimos años, no siempre en el contexto de lo que los psiquiatras podríamos diagnosticar como un trastorno depresivo, parecen ser reflejo de esa dificultad para gestionar las emociones negativas que, con frecuencia, se deriva del mal uso de las redes sociales. 

  1. ¿Y entre hombres y mujeres?

Tradicionalmente se ha dicho que las mujeres eran más proclives a presentar cuadros depresivos, pero interpretar correctamente este dato no es sencillo. Más allá de la indudable influencia que las hormonas pueden tener sobre el estado de ánimo en algunas etapas de la vida de la mujer (especialmente notable en el embarazo/puerperio o el climaterio), también hay que tener en cuenta aspectos socioculturales. 

En las sociedades y culturas occidentales como la nuestra, se ha promocionado tradicionalmente más la expresión de emociones en mujeres que en hombres (“los hombres no lloran”); al tiempo que a los hombres se les ha concedido externalizar sus emociones con conductas que, no pocas veces, podrían ocultar una depresión (consumos de alcohol u otras drogas, comportamientos violentos…). Esto, unido a que en el modelo de vida tradicional no era extraño que la mujer dedicara su vida a los cuidados de los hijos e hijas y que, llegada la independencia de esta, se encontrara con una sensación de vacío y pérdida de sentido ante la vida, hacía más probable consultar al médico por lo que se etiquetaba de cuadro depresivo. Los cambios generacionales en este sentido son evidentes, por lo que estas diferencias tienden a limarse. 

  1. ¿Cómo influye el contexto actual (cambio climático, crisis de vivienda, migración, incertidumbre global) en la aparición de la depresión?

Pues parece que están influyendo negativamente. Más allá de la dificultad que supone atribuir a una variable en concreto la condición de factor de riesgo, creo que estaremos de acuerdo en que aceptar la incertidumbre de la vida no es fácil y pone nuevamente a prueba nuestra madurez emocional. 

El incesante y desmesurado flujo de información, lo efímero de los acontecimientos, lo virtualidad de las relaciones, la conciencia de las distintas amenazas que se ciernen sobre la humanidad, la fragilidad de los vínculos, la dificultad para tomar decisiones ante la infinidad de opciones o la pérdida de valores que tradicionalmente habían sido elementos protectores parecen, por citar algunas, características del momento vital que estamos atravesando. 

Manejarse con éxito en este contexto, sin duda, es complejo. De ahí que sean muchas las personas que se sienten desbordadas y acaben refiriendo sentirse deprimidas pero, recordemos, no es lo mismo sentirse deprimido que padecer una depresión.

  1. ¿Qué papel tienen las terapias digitales o la inteligencia artificial? ¿Son realmente efectivas? ¿Puedes sustituir la atención presencial?

Yo no soy partidario de sustituir la atención presencial por las alternativas digitales que la IA ofrece, especialmente cuando hablamos de trastornos mentales clínicamente significativos. Si se trata de consultar una duda, o buscar una opinión sobre algún tema, pues no lo veo mal. Pero cuando hablamos de un trastorno depresivo, donde puede estar en juego la vida de quien lo padece, no considero prudente recurrir a estas opciones. 

  1. ¿Cuál es el papel de los profesionales? ¿Cómo se construye la relación con el paciente en la Fundación Hospitalarias?

Los profesionales debemos actuar siempre que esté justificado, cuando haya una repercusión funcional en la vida de la persona. Si no, podríamos estar incurriendo en una intervención innecesaria que podría, incluso, ser yatrogénica. Esto quiere decir que podría perjudicar a la persona y es que, aunque suene un poco a “slogan”, las situaciones de crisis en la vida son auténticas oportunidades de crecimiento para el individuo. Si ante cualquier dificultad buscamos corriendo ayuda profesional, nos estamos privando de esa capacidad de crecimiento que, en mayor o menor medida, todos tenemos. 

Todos los profesionales de la Fundación Hospitalarias, desde los que reciben a la persona que entra en cualquiera de los centros, a las que se encargan de atender sus necesidades más básicas, las que le acompañan en el manejo de sus preocupaciones psicosociales, las que le brindan los cuidados de enfermería o los facultativos especializados en salud mental, estamos al servicio del paciente. Es desde esa mirada interdisciplinar, donde nos encontramos con la esencia de la persona que sufre y, entre todos, validamos ese sufrimiento y hacemos lo posible por aliviarlo, desde la dignidad y el respeto. Ese enfoque humanitario congruente con los valores de la institución que representamos está siempre presente, constituyendo en sí mismo el eje vertebrador de toda intervención. 

  1. ¿Y el papel de la familia? ¿Qué consejos daría para acompañar sin invadir?

Cada vez somos más conscientes de la importancia que tiene el papel de la familia en el acompañamiento y los cuidados a las personas con trastornos mentales. 

Entender a una persona con depresión no es fácil. No es raro incurrir en “consejos” que, lejos de ayudar, hacen que la persona se sienta aún más insegura. A pesar de la buena voluntad de nuestras palabras, a veces como familiares caemos en ese error; por lo que es muy importante hacerles párticipes del proceso, informando de manera adecuada y veraz, psicoeducándolos para que sepan cómo intervenir en cada momento. Los familiares no tienen que asumir el rol de los profesionales. Un familiar debe validar el sufrimiento de la persona depresiva sin juzgar, evitando ser excesivamente directivo, escuchando sin forzar, de manera activa, con un interés genuino que permita a la persona sentirse comprendida en su dolor. Mostrar comprensión y cariño será muy positivo para la persona deprimida. 

  1. ¿Hacia dónde vamos? ¿Cree que en los próximos años se producirá una subida o una bajada en el número de personas que sufren depresión?

Pues a tenor de la tendencia que señalan algunos indicadores (bajas médicas atribuibles a cuadros depresivos, prescripción de antidepresivos, presencia de “los trastornos depresivos” en los medios de comunicación…) parece que estamos siendo testigos de un progresivo incremento de este tipo de trastorno. Esto tiene que hacernos pensar, como ya se ha reflexionado en alguna de las respuestas anteriores, si la manera de vivir que está caracterizando a este momento histórico de la Humanidad, es el más adecuado y qué margen tenemos para corregirlo. Como siempre, el resultado final dependerá tanto de la intensidad y la cantidad de los estresores que tengamos que afrontar, como de la capacidad que demostremos para gestionarlos. 

Si no somos capaces de modificar esa tendencia, me temo que como ya se viene apuntando desde hace años, los trastornos depresivos se acabarán convirtiendo en la primera causa de pérdida de salud y rendimiento en las personas. 

  1. Por último, díganos alguna creencia errónea o prejuicio sobre la depresión que le gustaría desmontar hoy.

Padecer un trastorno depresivo no es una muestra de debilidad de la persona que lo padece.