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Amad Abu-Suboh Abadia libro lo que te mata no es lo que crees

Día del Libro: "La calidad de un profesional no se mide solo por lo que detecta, sino también por cómo sostiene a quien recibe esa verdad"

Acostumbrado a interpretar resonancias, TAC y radiografías, Amad Abu-Suboh Abadia sabe que lo importante no siempre se ve en la pantalla. Jefe del Área de Diagnóstico por Imagen de la Fundació Hospitalàries Barcelona, ha escrito el libro Lo que te mata no es lo que crees (Editorial Arcopress), donde explora cómo el cuerpo, la mente y la vida cotidiana se entrelazan mucho más de lo que solemos pensar. Una complejidad que exige al profesional médico mirar más allá del diagnóstico y atender toda la realidad que lo rodea.

"Con los años he aprendido que una imagen puede mostrar mucho y, aun así, no agotar la verdad de una persona. La radiología me ha enseñado a mirar con rigor, pero también con humildad. Me ha enseñado que detrás de cada hallazgo hay una biografía, un contexto y una forma concreta de sostener la vida. Mi trabajo ocurre en una pantalla, sí, pero mi responsabilidad empieza cuando recuerdo que detrás de esa pantalla hay una vida", explica.

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Amad Abu-Suboh Abadia

Con motivo del Día del Libro, hablamos con él sobre la necesidad de escuchar y comprender a la persona en su totalidad, más allá de las pruebas diagnósticas. Un testimonio que nos demuestra, una vez más, que la hospitalidad se demuestra con hechos, no solo con palabras.

1.Como radiólogo, trabajas con imágenes y datos clínicos muy precisos, pero a veces no basta para comprender la complejidad de una persona. ¿Qué es clave para entender a la persona que tenemos delante?

Para mí, lo clave es no confundir nunca la prueba con la persona. Una resonancia, un TAC o una ecografía nos ofrecen una parte valiosísima de la verdad, pero no toda la verdad. Delante no tenemos solo un órgano, un síntoma o una sospecha diagnóstica: tenemos una historia, una vulnerabilidad, una manera de sufrir y también una manera de resistir. 

Entender a la persona exige escuchar cómo vive lo que le pasa, qué red tiene alrededor, qué miedo arrastra, qué margen conserva y qué significado tiene para ella ese momento. La imagen nos ayuda a ver, la escucha nos ayuda a comprender. La medicina empieza a ser verdaderamente humana cuando dejamos de mirar solo lo que aparece y empezamos a comprender lo que sostiene a quien tenemos delante.

2.¿Por qué es importante preguntarse qué hay detrás de los síntomas?

Porque el síntoma no siempre cuenta toda la historia. A veces detrás hay una lesión orgánica que llevaba tiempo avanzando en silencio; otras veces hay un sufrimiento real sin una lesión visible; y muchas veces hay una mezcla de biología, contexto, hábitos, estrés, tiempo y soledad. Si solo nos quedamos en el síntoma, corremos el riesgo de tratar la superficie y perder el fondo. 

Por eso, me parece tan importante esa idea que atraviesa el libro: “La mente teme lo intenso; la biología opera en lo continuo”. Es una forma de recordar que muchas de las cosas que más nos dañan no irrumpen: se acumulan. El síntoma es una puerta de entrada, pero nunca debería ser toda la casa.

3.¿Puede un gesto, una palabra o una explicación cambiar la experiencia de una persona en el ámbito médico?

Sí, profundamente. A veces cambia más de lo que imaginamos. En medicina no solo importa lo que hacemos, sino cómo lo hacemos y cómo lo explicamos. Una palabra puede orientar o desorganizar. Una pausa puede calmar. Una explicación honesta puede devolver dignidad a una persona que se siente perdida dentro de su propio cuerpo. 

No siempre podemos cambiar el hallazgo, pero sí podemos cambiar la forma en que alguien atraviesa ese hallazgo. Yo creo mucho en eso: en decir la verdad sin crueldad, en no banalizar el sufrimiento y en no añadir miedo innecesario donde ya hay bastante carga. No siempre podemos evitar la enfermedad, pero sí deberíamos evitar añadir sufrimiento.

4.En la Fundación Hospitalarias hablamos de atención integral. ¿Qué significa para ti, más allá de realizar una prueba concreta?

Para mí, atención integral significa recordar que una prueba nunca agota a una persona. Hacer bien un TAC o una ecografía es importante, por supuesto, pero no basta. La atención integral empieza cuando uno se pregunta qué necesita realmente esa persona, cómo va a vivir esa información, quién la acompaña, qué impacto tendrá en su día a día y cómo podemos cuidar sin añadir ruido, miedo o desorientación. 

Significa entender que la salud no es solo un dato clínico, sino también una experiencia humana, relacional y biográfica. Y significa algo esencial: no tratar hallazgos aislados, sino acompañar a personas completas. La buena medicina no consiste solo en ver más; consiste en hacerse cargo mejor.

5.¿De qué manera lo abordas en tu libro?

Lo abordo desde el lugar donde yo observo la vida y el cuerpo, que es la radiología. El libro nace de una intuición clínica muy fuerte: muchas de las cosas que más nos desgastan no irrumpen, se acumulan en silencio. Por eso hablo de la normalidad engañosa, del deterioro que no duele, del cuerpo que aprende, del ruido emocional, de la memoria del cuerpo, del valor de los vínculos y de la necesidad de recuperar margen. 

No es un libro contra la técnica; nace precisamente desde la medicina. Pero sí intenta mostrar que la técnica, por sí sola, no basta si no entendemos la vida concreta en la que esa biología está ocurriendo. Es un libro sobre el cuerpo, sí, pero sobre todo es un libro sobre cómo vivimos dentro de él.

6.¿Qué mensaje le gustaría trasladar a otros profesionales sobre la importancia de mirar, escuchar y comprender a la persona en su totalidad?

Les diría que la excelencia clínica no termina en detectar bien. Detectar bien es imprescindible, pero luego hay que traducir, situar, acompañar y comprender. Delante de nosotros no hay solo un caso, un diagnóstico o una imagen; hay una persona intentando sostener su vida con lo que tiene. Y ahí nuestra responsabilidad crece. Mirar bien es una obligación. Escuchar bien también. Pero comprender exige además algo que la medicina acelerada a veces olvida: tiempo, presencia, contexto y humildad. 

Cuando un profesional une precisión técnica con comprensión humana, la medicina deja de ser solo eficaz y se vuelve también profundamente digna. La calidad de un profesional no se mide solo por lo que detecta, sino también por cómo sostiene a quien recibe esa verdad. La técnica puede decirnos qué vemos; la verdadera medicina empieza cuando nos preguntamos qué significa eso en la vida de quien tenemos delante.