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trabajador de fundación hospitalarias ciempozuelos atiende a una señor mayor

"Un problema de salud mental puede ser algo puntual. Pero el trastorno mental grave es otra cosa"

La salud mental ocupa hoy un lugar cada vez más visible en la conversación pública. Sin embargo, esa mayor sensibilización no siempre se traduce en una mejor comprensión de los trastornos mentales graves, que continúan rodeados de prejuicios y falsas creencias. Continuando con nuestra serie de entrevistas por el Día de la Salud Mental, conversamos con Patricia Benedit Pascual, psicóloga de Fundación Hospitalarias Comunidad de Madrid, quien acompaña a personas con trastorno mental grave en su proceso de recuperación y retorno a la comunidad. 

Patricia lleva las unidades de pre-externalización y externalización, además de tres pisos supervisados, y forma parte del comité de pacientes, un espacio para que las propias personas participen en las decisiones del hospital y de sus tratamientos. "Cada semana nos reunimos todo el equipo, porque aquí nadie trabaja solo: la mirada multidisciplinar es fundamental", explica.

Desde su experiencia, reflexiona sobre la diferencia entre el malestar cotidiano y los trastornos mentales graves, los avances en recuperación y los estigmas que todavía impiden la inclusión de muchas personas.

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patricia benedit fundación hospitalarias comunidad de madrid

1. La salud mental ocupa cada vez más espacio en la conversación pública. Es un avance importante, pero también plantea un debate: ¿todo es hoy un problema de salud mental? ¿Estamos patologizando el malestar cotidiano?

Me parece muy positivo que hoy se hable de salud mental con más naturalidad. Durante mucho tiempo fue un tema tabú. Pero sí creo que corremos el riesgo de convertir en problema clínico lo que forma parte de la vida: estar triste tras una pérdida, tener nervios ante un cambio o pasar una mala racha. Sentir malestar no significa estar enfermo. A veces lo que se necesita es apoyo, tiempo o cambiar ciertas circunstancias, no un diagnóstico. 

Además, cuando todo se llama "salud mental", se corre el peligro de que quienes tienen un trastorno mental grave queden en un segundo plano. Y son precisamente las personas que más apoyo necesitan y más estigma sufren.

2. ¿Qué diferencias hay entre un problema de salud mental y un trastorno de salud mental grave como los que tratamos en la Fundación Hospitalarias?

Un problema de salud mental puede ser algo puntual: una etapa de ansiedad o una depresión que, con ayuda, se supera y no cambia de forma profunda la vida de la persona. El trastorno mental grave es otra cosa. Hablamos de trastornos que se mantienen en el tiempo y que afectan de manera importante a muchas áreas de la vida: la autonomía, las relaciones, el trabajo o el cuidado de uno mismo. 

Por eso estas personas no solo necesitan tratamiento clínico. Necesitan un acompañamiento más amplio y continuado, que abarque lo psicológico, lo social, la ocupación, la vivienda y el empleo.

3. Para que la gente lo entienda, ¿nos das ejemplos concretos de trastornos de salud mental graves?

Los más habituales son la esquizofrenia y otros trastornos psicóticos, en los que la persona puede tener dificultades para distinguir lo que ocurre de lo que percibe (por ejemplo, oír voces o sentirse perseguida). También el trastorno bipolar, con fases de euforia intensa que se alternan con depresiones profundas. Y algunas depresiones graves y recurrentes. Hay también casos graves de trastorno obsesivo-compulsivo o de trastornos de la personalidad. 

Aun así, un diagnóstico por sí solo no convierte un trastorno en grave: lo que marca la diferencia es cuánto dura y cómo afecta a la vida de la persona.

4. Hoy en día, ¿cuáles son los pronósticos de recuperación de una persona con un trastorno mental grave? ¿Qué necesita para ello?

Lo primero que quiero transmitir es que la recuperación es posible. No siempre significa que los síntomas desaparezcan del todo, sino que la persona pueda construir una vida con sentido, con proyectos, relaciones y autonomía. Para eso es clave detectarlo pronto, contar con un tratamiento que la persona entienda y comparta. Y tener apoyo de la familia y del entorno. También son muy importantes las oportunidades reales: una vivienda, un empleo, un lugar en la comunidad.

Lo veo en mi día a día. Pienso, por ejemplo, en una persona que había pasado muchos años ingresada en el hospital, con un trastorno de larga evolución y varias recaídas a lo largo del tiempo. Durante el último año ha vivido en un piso supervisado. Cuando se encontraba con alguna dificultad, sabía poner en marcha las estrategias que habíamos trabajado juntos, como pedir ayuda a los profesionales a tiempo. Gracias a ese acompañamiento, al apoyo de su familia y, sobre todo, a su propio esfuerzo, ha dado un paso muy importante: rehacer su vida junto a su hermano. Historias como esta demuestran que, con los apoyos adecuados, salir adelante es posible.

5. ¿Qué mitos siguen pesando sobre las personas que conviven con un trastorno mental grave?

El más dañino es el de que son peligrosas. La realidad es que tienen muchas más probabilidades de sufrir violencia o abusos que de ejercerlos. Otros mitos son que no se recuperan, que no pueden trabajar ni vivir solas o que su trastorno es culpa suya o una falta de voluntad. Todo esto hace mucho daño, porque muchas personas acaban creyéndoselo y pierden la confianza en sí mismas. A veces el estigma pesa más que la propia enfermedad.

Quiero recalcar que estos mitos son falsos. Por eso es tan importante que la gente se informe bien y conozca la realidad de estos trastornos, en lugar de quedarse con prejuicios o con lo que a veces se transmite de forma sensacionalista. Afortunadamente, la salud mental está cada vez más presente en la conversación pública y, gracias al trabajo de los profesionales y de las propias personas que conviven con un trastorno, hay más información y más visibilidad que nunca. 

Todos podemos contribuir a la recuperación: con cómo hablamos, con cómo tratamos a los demás y dando oportunidades.