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XX Jornada Atención Espiritual y Religiosa

XX Jornada de Atención Espiritual y Religiosa: ¿creer es saludable?

La espiritualidad, sea o no de carácter religioso, es una dimensión esencial de las personas que debe integrarse en el cuidado para poder comprender y acompañar a cada persona en su totalidad. Y en un contexto en el que la salud mental y el bienestar emocional han adquirido una relevancia muy importante, atender esta dimensión se convierte en un elemento clave para ofrecer una atención verdaderamente integral.

En la Fundación Hospitalarias, la atención espiritual y religiosa forma parte de nuestro modelo asistencial. Por ello, se integra como un elemento más dentro de nuestros equipos interdisciplinarios para acompañar mejor a las personas, especialmente en momentos de enfermedad, vulnerabilidad o sufrimiento.

XX Jornada de Atención Espiritual y Religiosa

Bajo esta mirada, el 19 de junio de 2026 celebramos en la Casa Diocesana de Espiritualidad de Málaga la XX Jornada de Atención Espiritual y Religiosa, un espacio de encuentro, reflexión y diálogo interdisciplinar en torno al papel de la espiritualidad en los procesos de salud y cuidado.

La jornada reunió a profesionales de distintos ámbitos —como la psiquiatría, la psicología, la filosofía, la teología o la enfermería— que abordaron cuestiones clave como la relación entre espiritualidad y salud mental, la experiencia de la culpa y las heridas personales, o el valor del acompañamiento en contextos de enfermedad y final de vida.

El evento se inició con la apertura institucional, en la que participaron Sor Fuencisla Martín, Superiora Provincial de Hermanas Hospitalarias en España; Alejandro Florit, director de Identidad de la Fundación Hospitalarias y Monseñor José Antonio Satué, Obispo de Málaga.

"El lema que nos convoca este año, ¿Creer es saludable? Heridas y culpabilidad, nos sitúa ante una pregunta profunda y muy actual. No es una pregunta teórica. Nace del contacto con la vida real, con las personas que sufren, con sus heridas visibles y también con aquellas otras que no siempre se ven, pero que pesan en el corazón: la culpa, el miedo, la soledad, la pérdida de sentido, la necesidad de perdón y la búsqueda de paz", explicó Sor Fuencisla Martín en su discurso. "Como Hermanas Hospitalarias sabemos, desde nuestros orígenes, que cuidar a una persona es acercarse a toda su realidad. Desde los primeros pasos de la Congregación, las hermanas cuidaron la asistencia corporal y espiritual unidas en una misma entrega". 

Salud mental y espiritualidad: consideraciones clínicas

La primera ponencia corrió a cargo de Enrique Trujillano, médico psiquiátrica, y Victor Padilla, psicólogo clínico, quienes realizaron un recorrido de la influencia de la espiritualidad en la salud mental, tanto en sus aspectos positivos como negativas, basándose en el análisis de estudios e investigaciones recientes.

El doctor Enrique Trujillano recordó la estrecha vinculación entre la atención a la salud mental y las órdenes religiosas, recordando que los primeros centros psiquiátricos estaban ubicados en monasterios. Destacó el papel pionero de religiosos y religiosas, quienes comenzaron a ofrecer una mirada más humana y compasiva hacia las personas con problemas de salud mental, en una época en la que muchas de ellas se encontraban completamente desatendidas y abandonadas a su suerte.

Además a nivel general, estableció una relación entre los sentimientos espirituales y religiosos y el cuidado de la salud mental. Señaló que esta dimensión puede aportar significado, propósito y esperanza ante situaciones difíciles, ayudando a transformar preguntas como “¿por qué me pasa esto a mí?” en otras orientadas al sentido, como “¿para qué me ocurre?”. Asimismo, destacó que estas vivencias facilitan el acceso a redes de apoyo y comunidades abiertas a cualquier persona, con independencia de sus circunstancias económicas.

Tampoco olvidaron mencionar los aspectos negativos, derivados de una vivencia muy restrictiva de la religión o la espiritualidad, que en ciertos pacientes con problemas de salud mental, por ejemplo aquellos que sufren una psicopatía, pueden tener un impacto negativo. Asimismo, determinadas creencias —como la idea de un Dios punitivo, centrado en el juicio y el castigo— pueden intensificar sentimientos de culpa y propiciar el conflicto.

"La religión y la espiritualidad son partes del contexto cultural en el que se producen las enfermedades mentales. Por ello evaluar la religiosidad o espirituralidad es esencial para lograr una compresión de la persona en su totalidad", concluyó el doctor Victor Padilla.

¿Creer es saludable? Culpa, herida y salud integral en diálogo interdisciplinar

El siguiente bloque estuvo moderado por Danilo Farneda, Coord. At. Espiritual y Religiosa de la Fundación Hospitalarias Málaga, y se inició con la ponencia “Vida, muerte y trascendencia” del filósofo Luis Rosa Invernón. En ella, realizó una crítica de la sociedad actual a través del concepto de "nuda vida": una existencia despojada de todo sentido profundo, reducida estrictamente a lo puramente estético y funcional. En este escenario, las personas se centran en ser eficientes y productivas. "La fe es un encuentro, una entrega y, en ocasiones, un descentramiento que nos saca de la comodidad de nuestra propia burbuja biológica. Nos rescata de esta nuda vida condenada a la supervivencia para devolvernos a una existencia vestida de sentido, de gratuidad y de eternidad".

A continuación tuvo lugar la ponencia “Fortalezas y debilidades de la dimensión espiritual en enfermos y cuidadores” del psicólogo Daniel Guerrero, quien destacó el efecto "amortiguador" y resiliente que la espiritualidad puede proporcionar a las personas cuidadoras, que en algunos casos se ven sometidas a una gran carga emocional y estrés. "La espiritualidad funciona como un amortiguador del desgaste, proporcionando los recursos internos necesarios para sostener la tarea del cuidado continuo", explicó. También destacó algunos aspectos negativos: "La dimensión espiritual no es un placebo garantizado. Puede ser el epicentro del dolor si las creencias fallan ante la crisis".

Por último, José Emilio Cabra, sacerdote y teólogo, presentó la ponencia "Tu gracia me basta” (2 Cor. 12-19) La religiosidad popular ante la experiencia del límite”. Se centró en la religiosidad popular -con ejemplos como la devoción a Cristos y Vírgenes, las estampas en el cabecero de una persona enferma o la vela encendida ante una imagen- como una manifestación clara y distintiva de la religiosidad cristiana que se ha heredado de generación en generación y puede ayudar a aliviar el dolor de la muerte, la pérdida u otras experiencias límites. "No podemos separar con un bisturí la vida espiritual del resto de la vida de la persona", destacó.

Presencia que sana y salva: mi experiencia de cuidado

La jornada finalizó con la ponencia "Presencia que sana y salva: mi experiencia de cuidado" de Belén Ruiz, enfermera y supervisora de la Unidad de Cuidados Paliativos del Hospital Marítimo de Torremolinos, quien compartió un emotivo testimonio personal basado en su experiencia profesional y, también, personal al acompañar a su marido David, enfermo de cáncer, en cuidados paliativos durante sus últimos nueve meses de vida.

Belén Ruiz destacó la importancia de estar, de la presencia, sin necesidad de estar siempre haciendo algo. "No es pasividad, es una actitud activa". Y lo ejemplificó con su propia experiencia atendiendo a su marido: "Un día entro en la habitación y me fijo en que está pálido, el ceño fruncido, los puños cerrados. Gestos de dolor. Entonces voy a darme la vuelta para ir a buscar alguna medicación para ponérsela. Y entonces, él me dice: "Belén, Belén". Le digo: "¿Qué?". Y me dice: "Mírame". Y le digo: "Te estoy mirando". Y me dice: "No, no, no mírame como mi esposa, no como una enfermera". Me pidió que le mirase como a un igual. Muchas veces nos falta eso con las personas que estamos acompañando. Si no creamos ese vínculo, no vamos a dar espacio a que la otra persona exprese lo que necesita".

"La presencia sana el alma cuando el cuerpo ya no tiene cura", explicó.

Cierre de la Jornada

La Jornada finalizó con el discurso de cierre de Antonio Molina, responsable de Pastoral y Voluntariado de la Fundación Hospitalarias, quien destacó el valor un modelo de cuidado que no reduzca a la persona a su diagnóstico, sino que tenga también en cuenta sus creencias, sus silencios, sus preguntas, sus heridas y sus deseos de reconciliación y de paz.

"Hemos visto cómo la atención espiritual y religiosa tiene una palabra que ofrecer. No una palabra que lo explique todo, ni que resuelva mágicamente el dolor, sino una palabra que acompaña, que ayuda a mirar de otra manera y que puede abrir camino donde a veces solo parece haber oscuridad", concluyó.